Este hombre escribió una impactante carta a los médicos que cuidaron de su esposa durante sus últimos días

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Cuando nos encontramos en un hospital, todo el personal médico trabaja sin descanso para asegurarse de que disfrutamos de todas las comodidades y que pasamos una estancia lo más agradable posible. A veces, el trato que tienen hacia sus pacientes va incluso más allá del propio trato médico estrictamente profesional.

Los pacientes y sus familias experimentan muchos momentos cargados emocionalmente cuando están siendo tratados, lo que hace que en muchas ocasiones sus médicos o enfermeras se conviertan en un apoyo emocional, más que en un extraño.

Esta estrecha relación con sus cuidadores es la que vivieron Peter DeMarco y su esposa, Laura Levis, quien falleció en el hospital de Boston después de ser tratada por un ataque de asma grave.

Aunque DeMarco sufrió una pérdida irrecuperable, encontró un momento de fortaleza para agradecer a todo el personal del hospital que cuidó de su esposa durante sus últimos días con respeto y dignidad.

En una carta publicada por The New York Times, DeMarco detalló las pequeñas cosas que médicos, enfermeras y cuidadores realizaron para intentar que la amarga estancia de Laura fuese un poco más soportable.

Echa un vistazo al homenaje de Peter.

Desde que su mujer de 34 años, Laura Levis, falleciese a causa de un ataque de asma, Peter DeMarco ha estado escribiendo mensajes para honrar su memoria.

Uno de estos mensajes está dirigido hacia todo el personal del hospital de Boston encargado del cuidado de su mujer. Desde que la carta viese la luz ha sido compartida infinidad de veces, siendo publicada hasta por The New York Times.

“Cada vez que me dispongo a contar a mis amigos y familiares cómo fueron los siete días que mi querida esposa Laura pasó en el hospital, siete días que por desgracia terminaron siendo los últimos de su corta vida, me tienen que parar cuando menciono el nombre de alguno de los profesionales que cuidaron de mi esposa.

La lista incluye a médicos, enfermeras, especialistas, cuidadores, hasta el personal de la limpieza se preocupó por el estado de Laura.

‘¿Cómo recuerdas todos sus nombres?’, me preguntan.

‘¿Cómo no lo voy a hacer?’, respondo.”

“Cada uno de ustedes trató a mi mujer con una profesionalidad, una amabilidad y una dignidad inigualables aún cuando ella se encontraba inconsciente en la cama.

Cuando necesitaba que le administrasen alguna inyección, os disculpabais y le avisabais de que quizás le dolería un poco, aun cuando no podía escucharos.

Cuando escuchabais su corazón y sus pulmones a través del estetoscopio y su vestido se deslizaba, tirabais de él para cubrirla respetuosamente.

La arropabais con una manta, no solo cuando su temperatura corporal era baja, también cuando en la habitación hacía un poco de frío y pensabais que así dormiría mejor.”

“Cuidasteis tan gentilmente a sus padres, ayudándoles a subir un sillón para que estuviesen cómodos en aquella incómoda habitación, llevándoles agua casi cada hora, respondiendo con una increíble paciencia a todas y cada una de sus preguntas.”

“Mi suegro, un médico ya retirado, se sintió involucrado en el cuidado de su hija. No puedo llegar a deciros lo importante que eso fue para él.”

“También yo estoy inmensamente agradecido por el trato que recibí.

¿Cómo sino hubiese encontrado las fuerzas necesarias para hacer frente a la semana más dura de mi vida sin vuestra ayuda?

¿Cuántas veces entrasteis a la habitación y me encontrasteis llorando cabizbajo mientras tomaba la mano de mi esposa y realizasteis vuestras tareas en completo silencio para no molestarme en esos momentos de intimidad?

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¿Cuántas veces movisteis la maraña de cables de alrededor de su cama para que yo pudiese acercar mi sillón tan solo unos centímetros más hasta mi esposa?”

“¿Cuántas veces vinisteis a preguntar si necesitaba cualquier cosa, comida, ropa limpia, una ducha de agua caliente, o incluso si necesitaba alguien con quien hablar?

¿Cuántas veces me abrazasteis y me consolasteis cuando estaba completamente hundido?

¿Cuántas veces me preguntasteis sobre Laura, sobre como era, mirabais sus fotos con detenimiento e incluso leíais algunas cosas que había escrito sobre ella?

¿Cuántas veces tuvisteis que darme malas noticias con palabras de compasión y mostrando tristeza en vuestros ojos?”

“Cuando necesitaba utilizar un ordenador para enviar un correo, hacíais todo lo posible para conseguirme uno.

Cuando llevé a escondidas a nuestro gato, Cola, para que le diese un último mimo a Laura y vosotros hicisteis la vista gorda.

Y cómo olvidar aquella noche en la que me permitisteis llevar a más de 50 personas importantísimas en la vida de Laura. Solo se respiraba amor en la habitación, tocaron la guitarra, cantaron y me dijeron lo importante que fue mi mujer en sus vidas.

Fue la última gran noche que nuestro matrimonio pasó juntos, una noche que no olvidaré jamás y que no habría sido posible sin vuestra ayuda.”

“Hay otro momento, en realidad una sola hora, que nunca olvidaré.

En el último día, mientras esperábamos que se realizase la cirugía del donante de Laura, lo único que quería era estar a solas con ella, sin embargo, tanto familiares como amigos seguían llegando para despedirse de ella así que mi tiempo se esfumó. Cerca de las 4 p.m pude quedarme a solas con mi mujer finalmente.

Yo estaba física y emocionalmente agotado así que pedí a las enfermeras Dona y Jen que me ayudasen a configurar el incómodo sillón reclinable, al fin y al cabo era lo único que tenía para poder estar cerca de Laura. Para mi sorpresa, tuvieron una mejor idea.”

“Me pidieron que abandonase la habitación por un momento. Cuando volví pude ver que habían desplazado a Laura al lado derecho de la cama, dejando el espacio suficiente para que yo me pudiese tumbar a su lado una última vez.

Les pregunté si podían darnos una hora sin una sola interrupción y ellas asintieron con la cabeza mientras cerraban las cortinas, cerraban las puertas y apagaban las luces.”

marido
Facebook/Peter DeMarco

“Acurruqué mi cuerpo junto al suyo. Le dije que estaba tan hermosa como siempre mientras acariciaba su rostro y su cabello. Coloqué mi cabeza sobre su pecho y noté cómo subía y bajaba su cuerpo a causa de la respiración.

Era nuestro último momento. Fue un momento delicado entre un esposo y su esposa, fue el momento más natural, puro y reconfortante que he vivido jamás. Luego me quedé dormido.

Recordaré esa última hora que pasamos juntos el resto de mi vida. Fue el mayor regalo que pude recibir jamás.

Sinceramente no tengo palabras suficientes para describir el eterno agradecimiento que siento hacia vosotros.

Con mi eterna gratitud y amor,

Peter DeMarco.”

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Visto en: http://rolloid.net/marido-escribe-carta-de-agradecimiento-dirigida-a-los-medicos-que-cuidaron-de-su-esposa-en-sus-ultimos-dias

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